Logia LA FRATERNIDAD 62 – Tel Aviv - Israel El Atanor de La Fraternidad |
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León Zeldis Mandel Gran Maestro Adjunto Honorario de la Gran Logia del Estado de Israel.
Era una tranquila noche de primavera en Valparaíso, el 30 de septiembre de 1916, cuando los miembros de la logia masónica Lodge of Harmony N° 1411, perteneciente a la Gran Logia Unida de Inglaterra, pero funcionando con el beneplácito de la Gran Logia de Chile, esperaban con impaciencia el comienzo de la reunión. No se trataba de otra "tenida" corriente de la logia, sino de una reunión extraordinaria para honrar a dos hermanos masones, uno inglés y el otro chileno, que habían regresado de una emocionante saga de heroísmo y tenacidad en las heladas regiones antárticas. Este trabajo está destinado a proporcionar los antecedentes de esa festiva reunión, y al mismo tiempo contribuir a corregir una injusticia histórica perpetrada contra el Piloto Luís Pardo, el héroe del salvamento de los compañeros de Shackleton. Las exploraciones siempre han sido una aventura y un desafío que excita la imaginación e inflama el corazón de los hombres. Las historias legendarias están llenas de relatos de exploración de tierras y civilizaciones extrañas. Viniendo a épocas históricas, desde Marco Polo hasta la búsqueda del El Dorado o las fuentes del Nilo, cada época ha tenido sus metas inalcanzables, a veces imaginarias, que presentan un desafío ineludible ante hombres y mujeres intrépidos, dispuestos a jugarse la vida con tal de extender las fronteras del conocimiento humano. Hoy, la frontera es el espacio, pero cien años atrás algunas de esas metas distantes que enfrentaban los exploradores eran las heladas vastedades de los polos. En 1909 Robert E. Peary alcanzó el Polo Norte y dos años después Roald Amundsen ganó la carrera con el desafortunado Scott y plantó su bandera en el Polo Sur. Sólo una última meta quedaba por conquistar, el cruce del continente antártico de un extremo al otro. Este fue el reto que Sir Ernest Henry Shackleton decidió enfrentar. Su plan era cruzar la Antártida desde el Mar de Weddell al Mar de Ross, pasando cerca del polo sur. Su viaje de exploración estaba financiado mayormente por un acaudalado miembro del Parlamento, Sir James Caird, quien destinó a la filantropía una buena parte de su fortuna basada en el yute. En su honor, Shackleton bautizó con su nombre el más grande de los tres botes salvavidas que encargó especialmente para la expedición. Los otros dos botes recibieron igualmente los nombres de benefactores: el Dudley Docker y el Stancomb Wills. ¿Fue premonición o simplemente su cuidadosa planificación la que impulsó a Shackleton a ordenar la construcción de esos botes? McNeish, el carpintero de la expedición, trabajó día y noche con su ayudante para construir las tres embarcaciones en noviembre de 1914. Ernest Henry Shackleton había sido iniciado en la logia Navy #2612 de Londres el 9 de julio de 1901. Posteriormente asistió a la logia Guild of Freemen #3525 donde ascendió a Maestro Masón en 1913. Un año más tarde fue electo Miembro Honorario de dicha logia y continuó siendo miembro de ambas logias hasta su muerte. La Antártida no era tierra incógnita para Shackleton. En realidad, casi había llegado al Polo Sur en 1907, cuando se vio obligado a regresar por falta de alimentos, encontrándose a sólo 155 kilómetros de su objetivo. Antes de eso, Shackleton había acompañado a Robert Falcon Scott en su Expedición Nacional Antártica de 1901. Scott también era masón, miembro de la misma logia. Esta era entonces la tercera aventura antártica de Shackleton, conocida como la Expedición Imperial Trans-Antártica, organizada bajo los auspicios de la Real Sociedad Geográfica de Inglaterra. Su barco, el Endurance, era un bergantín de 300 toneladas, con tres mástiles, equipado con un motor a vapor y doble fondo, construido originalmente para conducir cazadores de osos polares al ártico. "Como tal, estaba diseñado para soportar los mares helados y una considerable presión". La primera guerra mundial estaba comenzando en esos días, por lo que antes de zarpar, Shackleton, con la anuencia de su tripulación, envió un telegrama al Almirantazgo Británico ofreciendo sus servicios y provisiones al esfuerzo de guerra. La respuesta de Sir Winston Churchill, entonces Primer Lord del Almirantazgo, fue lacónica: "Procedan". Habiendo recibido el consentimiento del gobierno británico, el Endurance salió de Plymouth el 8 de agosto de 1914. Después de cruzar el Atlántico sin inconvenientes, el barco se aprovisionó en Buenos Aires y luego continuó a la Isla Georgias del Sur, una tierra administrada por Inglaterra situada al este del Cabo de Hornos, donde los balleneros noruegos habían establecido una estación. El 5 de diciembre de 1914 la expedición abandonó la isla, tomando un curso al sur, hacia el Mar de Weddell. Dos días más tarde, la nave entró en la zona de los témpanos y continuó navegando hacia el sur, haciendo su camino entre los hielos flotantes. Sólo un día de viaje la separaba del objetivo de Shackleton, la bahía Vashel, desde donde comenzaría a cruzar el continente helado. Sin embargo, el tiempo desbarató sus planes. El año 1914 fue excepcionalmente frío en el Antártico, al punto que incluso en medio del verano los témpanos eran numerosos. El 18 de enero de 1915 el barco ya se encontraba rodeado de hielo y entonces una repentina baja de la temperatura congeló el mar y la nave quedó atrapada por el hielo. Desde ese momento, incapaz de moverse, el barco se desplazó lentamente con el banco de hielo, primero al oeste, luego al norte, mes tras mes, sin posibilidad de escapar. Peor todavía, la continua presión del hielo aumentó al punto que el pequeño barco no pudo soportarla más y fue comprimido de manera irreparable.
"Esta mañana, nuestra última en el barco, el tiempo era bueno. Desde la cofa no se veía tierra de ninguna especie. La presión aumentaba sin cesar, y a medida que pasaban las horas el barco no tuvo descanso ni socorro. El ataque del hielo llegó a su clímax a las 4 de la tarde. La popa del barco se elevó por la presión. Entonces, mientras mirábamos, el hielo aflojó y el Endurance se hundió un poco. Las cubiertas se estaban quebrando hacia arriba y el agua entraba abajo. No puedo describir la impresión de implacable destrucción que me fue impuesta mientras miraba hacia abajo y alrededor. Los témpanos con la fuerza de millones de toneladas de hielo en movimiento detrás suyo estaban simplemente aniquilando el barco." La tripulación se vio obligada a abandonar la nave: 28 personas, acompañadas por 49 perros, dos cerdos y la "Sra. Chippy", una gata perteneciente al carpintero Henry "Chippy" McNeish. El plan de Shackleton era trasladarse sobre el hielo a la isla Paulet, que se hallaba a unos 560 kilómetros al norte y donde podían encontrar una choza con provisiones dejadas por una expedición anterior. Sin embargo, arrastrar los botes con su carga, que pesaban más de una tonelada, sobre el banco de hielo y a una distancia tan larga era una tarea simplemente imposible, de manera que el plan tuvo que ser abandonado y los exploradores establecieron un campamento sobre el hielo, a la espera de que el hielo llegara a quebrarse para poder lanzar los botes al agua. Destrozado por completo, el Endurance finalmente se hundió el 21 de noviembre, primero por la proa, mientras la popa se erguía en el aire antes de sumergirse en el mar. A medida que avanzaba el verano, la superficie del hielo comenzó a derretirse. El 23 de diciembre el grupo partió en dirección a la tierra, con los perros tirando de las provisiones y los hombres arrastrando los botes equipados con patines. La travesía, sin embargo, probó ser demasiado difícil. La superficie del hielo no era lisa, sino que estaba surcada por lomas casi imposibles de atravesar con los patines. Shackleton finalmente se convenció que no había otra posibilidad que esperar hasta que les fuera posible botar los botes al agua. Estableció entonces otro campamento, llamándolo con justicia "Paciencia", el 1° de enero de 1916. Sólo tres meses más tarde, el 9 de abril, mejoró el tiempo, el hielo comenzó a despedazarse y los exploradores fueron finalmente capaces de botar al agua sus tres botes. Los 28 hombres con sus provisiones fueron a bordo y zarparon a la Isla Elefante, cerca del extremo oriental del archipiélago Shetland del Sur. El 15 de abril hicieron finalmente tierra, después de haber pasado 497 días en el mar o sobre el hielo. Allí, en la Isla Elefante, establecieron un campamento en la costa norte. Esto, sin embargo, no era el fin de su odisea, pues la Isla Elefante estaba deshabitada. Uno de los botes, el James Caird, de unos siete metros de largo, fue preparado por el carpintero McNeish para hacer la travesía a la isla Georgias del Sur, situada a unos 1200 kilómetros al norte. Shackleton con otros cinco hombres (Worsley, Crean, McNeish, Vincent y McCarthy) entraron al bote. El resto de los exploradores quedaron en el campamento, a cargo del segundo en comando, el australiano John Robert Francis (Frank) Wild, también un masón. Después de escribir sus testamentos, el grupo partió el 24 de abril de 1916. La navegación fue ardua y peligrosa, como es dable imaginar. Después de 17 días de sufrir repetidas tormentas con vientos de más de 160 kilómetros por hora, el grupo arribó el 10 de mayo a la bahía King Haakon en la Isla Georgias del Sur. Por culpa de los vientos, la embarcación se había desviado del curso, de manera que tocó tierra a unos 200 kilómetros de distancia de la estación de balleneros, siguiendo la costa. Shackleton decidió que Worsley, Crean y él mismo cruzarían a pie la isla para llegar a la bahía Stromness, a unos 40 kilómetros de distancia en línea recta. Partieron el 19 de mayo y temprano en la mañana siguiente ya pudieron escuchar los silbatos de la estación ballenera. Poco después de mediodía llegaron a la estación Stromness donde fueron calurosamente recibidos y un grupo fue enviado para traer a los que habían quedado atrás. Encontrándose en Georgias del Sur, Shackleton fletó un pequeño ballenero a vapor, el Southern Sky, y lo equipó para navegar a la Isla Elefante y allí rescatar el resto de la tripulación. Varias veces intentó cruzar la masa de hielo, fracasando cada vez. Lo más cerca que pudo llegar a la isla fue a unos 100 kilómetros de distancia. Escaso de combustible, el barco tuvo que regresar a la isla Georgias del Sur, donde el explorador inglés no pudo encontrar más carbón. Sin levantar las manos, Shackleton entonces fletó un guardacostas y viajó a Port Stanley en las Islas Malvinas, desde donde envió un telegrama urgente a Inglaterra pidiendo auxilio. El Reino Unido, sin embargo, se encontraba empeñado en una contienda de vida o muerte, la Primera Guerra Mundial, y no podía ofrecer ninguna ayuda. Por fortuna, el gobierno uruguayo escuchó su pedido de socorro y puso a disposición de Shackleton un pequeño barco pesquero de sólo 80 toneladas, el Instituto de Pesca N° 1, bajo el mando del Teniente Ruperto Elichiri Behety. El barco zarpó al sur, pero cuando llegó a 50 kilómetros de su objetivo el banco de hielo se hizo impenetrable y se vio obligado a regresar. En esta situación, Shackleton se convenció que no podía hacer nada más en la apartada isla del Atlántico sur. Ahora puso sus esperanzas en el gobierno chileno y se trasladó a Punta Arenas. Una vez allí, contrató la goleta Emma, de 70 toneladas e intentó una vez más de llegar a la Isla Elefante. La Emma, piloteada por el chileno León Aguirre Romero, zarpó de Punta Arenas del 16 de julio, llevando a Shackleton, Worsley y Crean. En la primera parte del viaje, para ahorrar carbón, el barco fue escoltado y remolcado por la escampavía Yelcho, al mando del Piloto Segundo Luís Pardo, hasta llegar al mar abierto cerca de la latitud sur de 60°. La Yelcho, como veremos en un momento, jugaría más adelante un papel decisivo en el rescate de los exploradores. Sin embargo, la Emma no alcanzó a cumplir su misión. Cerca de la Isla Elefante encontró numerosos témpanos, algunos de los cuales fue incapaz de evitar. Seriamente dañado, el barco tuvo que regresar a Punta Arenas en medio de una violenta tempestad. Durante su permanencia en Port Stanley, Shackleton se había encontrado con el Vicealmirante chileno Joaquín Muñoz Hurtado, quien regresaba de una misión en Londres, y que en ese momento era Director General (o sea, Comandante en Jefe) de la Armada de Chile. Buscando encontrar una solución, Shackleton envió ahora un desesperado pedido a ayuda al marino chileno, quien comprendió de inmediato la situación y prometió prestar su ayuda. Sólo dos unidades de la armada chilena se encontraban en Punta Arenas en esos momentos: las escampavías Yánez y Yelcho. Aunque ninguna de las dos naves era en realidad apropiada para ese cometido, a falta de alternativas y en vista de la urgencia, la Yelcho fue elegida para rescatar a los ingleses. La nave de 467 toneladas había sido construida en 1906 por G. Brown & Co., Greenock, Escocia. Tenía un motor de 350 HP y podía hacer 10 nudos. El barco no tenía doble fondos, ni calefacción ni luz eléctrica. Incluso carecía de radio y tenía la borda baja. Enviar un barco en esas condiciones a la Antártida era un acto de temeridad justificado sólo por la urgencia de la crisis. El comandante nominal de la Yelcho era el Primer Piloto Francisco Miranda, pero éste justamente cayó enfermo y fue preciso encontrar un reemplazante. Se hizo un llamado a voluntarios y el primero en ofrecer sus servicios fue el Piloto Luís Pardo Villalón, quien se encontraba al mando de la otra escampavía, la Yánez. Pardo, de 34 años de edad, había aprendido el oficio naval en la Escuela de Pilotos de Coquimbo. Trabajó primero en la marina mercante y después se incorporó a la Armada de Chile en 1906. En 1910 fue ascendido a 2° Piloto y con este grado fue destinado a la estación naval de Magallanes. Pardo había sido iniciado el 30 de octubre de 1911 en la Logia Independencia N° 38 de Valparaíso. Todavía siendo aprendiz, pidió su retiro de la logia en 1914 para incorporarse a la logia Aurora N° 6, también de Valparaíso, una de las logias más antiguas del país, fundada en 1868. El recio carácter de Luís Pardo se puede juzgar por la carta que le envió a su padre después de haber aceptado el mando de la nave de rescate: "La obra es grande, pero nada me arredra: soy chileno. Dos consideraciones me hacen afrontar dichos peligros: salvar a los exploradores y darle renombre a mi patria. Me consideraría feliz si consiguiera, como creo, hacer lo que otros no han podido. Si fracaso y muero, usted cuidará de mi Laura y de mis hijos que quedarían desamparados y sin más apoyo que el suyo. Si salgo avante, habré cumplido con mi deber humanitario como marino y como chileno. Cuando usted esté leyendo esta carta, o su hijo ha muerto o ha llegado con los náufragos a Punta Arenas. Solo no volveré…" Con consumada pericia, Pardo piloteó la nave entre los témpanos y a las 10:40 de la mañana avistó los primeros rompientes del extremo norte de la Isla Elefante. Mientras tanto, en la isla, casi cinco meses después de la partida del James Caird, la situación era desesperada, habiendo consumido casi todas sus raciones, y aunque suplementaban la dieta cazando focas y pingüinos, les quedaba comida para sólo cuatro días. Frank Wild estaba preparando un hoosh, un espeso potaje hecho con cochayuyo y lapas a falta de carne. De pronto George Marston, el artista de la expedición dio la voz de alerta: "!Wild, vimos un barco!" gritó. "¿Encendemos una fogata?" Los hombres se abalanzaron para salir del refugio que habían improvisado con los botes dados vuelta, y fue grande su sorpresa al ver el pequeño barco con la bandera chilena al tope. Los exploradores abandonados los recibieron con indescriptible júbilo. Saltaban y lloraban y los abrazaban. La chalupa hizo dos viajes para tomar a bordo los hombres y unas pocas pertenencias. El fotógrafo Frank Hurley portaba algunos bultos con negativos que había escondido en la nieve. El sábado a las 6 p.m. avistaron el faro Dungenes y Vírgenes. Pardo puso rumbo a Dungenes para anunciar su regreso. Hasta ese momento, nadie sabía en Punta Arenas del destino de la Yelcho y los exploradores. El viento y la mar gruesa impidieron bajar a tierra, de manera que Pardo continuó viaje fondeando a las 4 p.m. del domingo en Río Seco, desde donde pudo finalmente avisar al comandante en jefe del Apostadero Naval de Magallanes que había completado con éxito su cometido, trayendo sanos y salvos a los 22 exploradores ingleses. El lunes 4 de septiembre la Yelcho fondeó en Punta Arenas, siendo recibida con conmovedoras expresiones de júbilo. Recepciones públicas y privadas se sucedieron para demostrar la admiración que sentía la población local. La ciudad había experimentado la tragedia de Shackleton y su desesperada búsqueda de ayuda, y la falta de radio de la Yelcho significó el silencio total acerca de su paradero hasta que regresó a Río Seco. "Imposible expresar mis más profundos sentimientos de gratitud por todo lo que ha sido hecho " El Almirante contestó: "Sírvase recibir sinceras congratulaciones por el feliz resultado empresa debido enteramente a su constancia y decidido empeño. La Armada chilena ha recibido la noticia del salvamento de los marinos ingleses como si se tratara de nuestra propia gente. Muñoz Hurtado." Cumpliendo su obligación reglamentaria, Pardo envió un detallado informe al Comandante en Jefe del Apostadero de Magallanes, describiendo el curso de la navegación hasta la Isla Elefante, el rescate de los náufragos, y concluyendo con las siguientes palabras: "Me permito hacer llegar a US., de que esta comisión se llevó a feliz término por la eficaz cooperación de los oficiales que me acompañaban, del encargado de la contabilidad que cooperó con entusiasmo para poder atender debidamente a las 29 personas que se arranchaban en la cámara de oficiales, que por su poca comodidad se hacía difícil su atención y otro tanto puedo decir a US. del encargado de las máquinas que en todo momento se encontró en su puesto y cumplía fielmente las órdenes impartidas." "Respecto a la tripulación, que en su mayor parte era del Yañez y que acompañó voluntariamente, su entusiasmo y celo en el servicio es digno de encomio y se ha hecho acreedora a la felicitación de sus jefes." Y firmaba: L. A. Pardo, Piloto, Comandante Escampavía Yelcho. Es importante subrayar la preocupación por sus subordinados que demuestra Pardo, y el interés que pone en mostrar cuán importante fue la colaboración de la tripulación del barco en el éxito logrado. Esto contrasta con la forma en que Shackleton ocultó y prácticamente ignoró el papel crucial de Pardo en el rescate de su gente. Por alguna razón ignorada, en su libro relatando la historia de la expedición, la pérdida del Endurance, y la operación de rescate ("South", publicado en 1919), Sir Ernest Shackleton menciona el nombre de Pardo sólo una vez, en la página XIX del Prefacio, con una mínima referencia: "Finalmente, fue el Gobierno Chileno el que fue directamente responsable del rescate de mis camaradas, Menciono especialmente la comprensiva actitud del Almirante Muñoz Hurtado, jefe de la Armada Chilena, y el Capitán Luís Pardo, quien comandaba la Yelcho en nuestra última y exitosa aventura." Aquí Shackleton reconoce que Pardo comandaba la escampavía, sin embargo en las 368 páginas de su libro, el nombre de Pardo no figura ni una sola vez. A todo lo largo de la descripción de la peligrosa travesía de la Yelcho a la Isla Elefante y de regreso después del rescate (páginas 210-222), Shackleton hace aparecer como si él hubiera estado al mando de la nave, relatando todo en primera persona, cuando de hecho era sólo un pasajero. Pardo no es mencionado. Esta omisión es lamentable, porque ha llevado a otros autores a ignorar su papel. Por ejemplo, en la página Internet de la Royal Navy "The Original Endurance and Sir Ernest Shackleton" (ver la nota 2) el nombre de Pardo no aparece. Otro ejemplo es el libro Endurance de Alfred Lansing , una amena y detallada relación de la expedición de Shackleton y el rescate de su tripulación, donde Pardo no es mencionado ni una sola vez. Mi propósito al escribir este trabajo es corregir en lo posible la injusticia hecha a este valeroso marino chileno, sin cuya pericia y coraje el rescate hubiera sido imposible. Es difícil especular sobre las razones que tuvo Shackleton para omitir el papel de Pardo. Es posible que, acostumbrado a tomar al mando, se produjeron desavenencias con Pardo durante la navegación de la Yelcho. Podemos juzgar el honor y la responsabilidad de Luís Pardo como chileno y como marino por la carta que le envió a su padre antes del viaje, y podemos suponer que cualquier intento de Shackleton de tomar la dirección del barco debe haber sido rechazado cortés pero firmemente. También el problema del idioma puede haber contribuido al desentendimiento. Por otra parte, el carácter de Shackleton puede no haber sido tan intachable como nos gustaría creer. Su tenacidad y bravura son incontestables, pero veamos lo que pensaba de él Marshall, el doctor en la expedición anterior de Shackleton al polo sur, en 1907-09, cuando abandonó la empresa a sólo 155 kilómetros de su objetivo. Esto es la opinión de Marshall acerca de Shackleton: "un consumado mentiroso e hipócrita consuetudinario, incapaz de una acción o pensamiento decente" No seguiremos examinando este punto, sobre el cual no tenemos suficientes informes, ya que nuestro propósito es solamente concederle al Piloto Luís A. Pardo Villalón el honor y la admiración que merece. La Armada chilena permitió que la misma Yelcho llevara a los exploradores a Valparaíso, donde llegaron el 27 de septiembre y fueron recibidos con todos los honores. Las unidades navales en la bahía formaron a las tripulaciones en la cubierta, saludando a la Yelcho, que llegó a su fondeadero rodeada de una multitud de embarcaciones menores, mientras un ruido atronador de silbatos y sirenas retumbaba en los cerros circundantes. En tierra, el Gobernador de Valparaíso, Aníbal Pinto, y el Alcalde, Vicealmirante Jorge Montt esperaban para darles la bienvenida a Shackleton y Pardo, quienes también recibieron los vítores entusiastas de unos treinta mil porteños, un porcentaje no despreciable de la población total del puerto en aquel tiempo. Apenas se había sabido en Valparaíso la operación de rescate, y el hecho que Shackleton iba a venir a la ciudad, los hermanos de la logia Harmony N° 1411 decidieron invitarlo, enviándole el siguiente telegrama a Punta Arenas: "7 de Septiembre, 1917.Calurosas felicitaciones de toda la fraternidad en Valparaíso. Escuchamos que vendrá a estas partes y quisiéramos encontrarlo en pleno. Avísenos posible fecha de llegada y arreglaremos sesión especial. Respuesta. Smith, Bolsa de Corredores. Valparaíso." W. H. Smith era el Venerable Maestro de la logia y trabajaba en la Bolsa de Corredores del puerto. Shackleton, sin embargo, declinó cortésmente la invitación enviando esta respuesta el día 9: "Mucho aprecio fraternales saludos y congratulaciones. Espero verlos en Valparaíso pero temo imposible participar reunión debido corta estadía. (firmado) Shackleton." Smith insistió, enviando otro mensaje el mismo día, pero Shackleton reiteró su negativa disculpándose. En la reunión siguiente de la logia, Smith comunicó este intercambio de mensajes y el secretario les dio lectura. Aunque no está registrado en las actas, está claro que los hermanos no se dieron por vencidos, y Smith reiteró la invitación, hasta que Shackleton no tuvo más que aceptar, enviando el siguiente telegrama: Esperamos llegar martes pudiera ser posible que atendiera reunión en el curso de la semana (firmado) Shackleton"
"Querido Hermano: Así fue que ese sábado los héroes de la aventura antártica fueron homenajeados por la Logia Harmony N° 1411, en la casa masónica ubicada en la calle Tubildad, actualmente Calle Wagner de Valparaíso. He tenido la fortuna de obtener copia del acta de la reunión, que transcribo a continuación, traducida al castellano: "Acta de la Reunión de Emergencia de la Logia de la Armonía N° 1411 celebrada en la Casa Masónica en Calle Tubildad, Valparaíso, el sábado, treinta de septiembre de mil novecientos dieciséis, con el objeto de dar la bienvenida al Hno. Sir Ernest Shackleton a su regreso de la Expedición al Polo Sur. A continuación Smith saludó formalmente a Shackleton en nombre de los miembros de la Logia y de otras logias locales, y todos los presentes de pie aclamaron al distinguido visitante. Continuando su exposición, el Venerable Maestro declaró que era muy grato saber que en esta gran empresa científica el Hno. Shackleton había estado acompañado por otros dos miembros de la Orden que se encontraban presentes esa tarde – los Hnos. Frank Wild y Dr. A. McIlroy, el primero de ellos había quedado al mando de aquella parte de la expedición que quedó en la Isla Elefante, "y la inamovible confianza con la que ambos habían desempeñado sus deberes mientras esperaban ser rescatados probaba que comprendían bien el significado de Fidelidad. Estos Hermanos son un verdadero ornamento de la Orden y fueron igualmente saludados con una aclamación." A continuación fueron leídos numerosos telegramas de felicitación recibidos de Logias en distintos puntos del país. En sus palabras de agradecimientos para retribuir las felicitaciones recibidas, Shackleton expresó que: "Esta era la primera Logia que visitaba desde que partiera en su expedición hacía más de dos años atrás; apreciaba grandemente las palabras del V. M. y guardaría un muy agradable recuerdo de su regreso al mundo masónico, del que tendría el gusto de dar un informe a su madre logia a su regreso. El Hno. Shackleton habló en la forma más elogiosa del impagable apoyo que le habían prestado los Hnos. Frank Wild y Dr. A. McIlroy. En una expedición como la que había emprendido, situaciones peculiares frecuentemente imponen exigencias desusadas al juicio de quienes están al mando, y ningún líder es independiente del consejo y la colaboración de sus compañeros, pero esos dos Hnos. habían enfrentado toda eventualidad y habían sido una confiable fuente de ayuda y consejo, y en los momentos más negros, cuando las perspectivas no eran promisorias, había sido una gran ayuda saber que por encima del espíritu de unidad inherente en una tal expedición, estaba fuertemente unido a esos Hnos. por los vínculos indestructibles de nuestra Orden masónica. Finalmente, le había producido una intensa satisfacción al Hno. Shackleton encontrar que el Hno. Pardo, quien había cooperado tan eficientemente en el salvamento de la expedición, era también un Francmasón." El Hno. Shackleton concluyó reiterando sus agradecimientos por el recibimiento acordado y lamentando que su visita a la logia fuera tan breve. El acta finaliza con las frases de rigor y las firmas del Venerable Maestro y el Secretario. Dos días después de la reunión en Valparaíso, la Logia Huelén de Santiago (que funcionaba bajo la jurisdicción de la Gran Logia de Massachussets) festejó a los protagonistas del rescate en una sesión especial. Otra reunión festiva estaba programada para el 7 de octubre por las tres logias de habla castellana de Valparaíso para homenajear a Luís A. Pardo, pero la reunión tuvo que ser cancelada debido a que Pardo recibió órdenes de llevar inmediatamente la Yelcho a Talcahuano para efectuar reparaciones. El brillante desempeño de Pardo fue premiado ascendiéndolo a Piloto Primero. En su currículo se anotó una mención especial de mérito, y se agregaron diez años de servicio para su retiro. El Piloto Pardo recibió medallas conmemorativas de la Municipalidad de Punta Arenas, el Cuerpo de Botes Salvavidas de Valparaíso, la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, la Liga Marítima de Chile y la Liga Patriótica de Chile. Según informes, el Gobierno Británico le ofreció un premio de 25 mil libras esterlinas, que rechazó cortésmente, alegando que sólo había cumplido con su deber. Después de jubilar en la Armada, Pardo fue nombrado Cónsul de Chile en Liverpool, sirviendo en tal puesto entre 1930 y 1934. Falleció el año siguiente, a la edad de 54 años. A Sir Ernest Shackleton le fue concedida una medalla de oro especial por la Real Sociedad Geográfica de Inglaterra. También recibió un premio en efectivo de 20 mil libras. En 1909 había publicado un libro titulado "El Corazón de la Antártica", y en 1919: "Sur – la historia de la última expedición de Shackleton." En 1921 un amigo de escuela, John Q. Rowett, financió una nueva expedición con el Quest, un barco en no muy buen estado. Al parecer, la intención de Shackleton era circunnavegar la Antártida en busca del tesoro del Capitán Kidd. El 4 de enero de 1922 el Quest fondeó en Grytviken, en Georgias del Sur. Los marinos noruegos lo recibieron afectuosamente. Después de pasar un tranquilo día en tierra, Shackleton regresó al barco para cenar, les deseó buenas noches a sus compañeros y se retiró a su cabina. Durante la noche sufrió un masivo ataque al corazón y falleció. Su mujer pidió que lo enterraran en la isla, donde su tumba se encuentra hasta hoy, entre las de los balleneros quienes, posiblemente, eran los mejor capacitados para apreciar el coraje, determinación y fidelidad de Sir Ernest Shackleton, héroe del Antártico. Masonic Service Association of North America, EMESSAY Notes, July 2002. "The Original Endurance and Sir Ernest Shackleton", Sir Ernest Shackleton, South, William Heinemann, 1919; reimpreso por The Lyons Press, Guilford, Connecticut, 1998, pp. 75-76. La biografía de Wild se halla en www.visitandlearn.co.uk/factfiles/obit27.asp Ver: www.visitandlearn.co.uk/factfiles/obit30.asp y también www.armada.cl/site/unidades_navales/310.htm Ver: www.armada.cl/site/tradicion_historia/historia/biografias/2111pard.htm Alfonso M. Filippi Parada, Capitán Naval, "Shackleton versus Pardo", Alfred Lansing, Endurance – Shackleton's Incredible Voyage, Carrol & Graff Publishers, New York 1959, Segunda Edición 1999. Esto se prueba por el hecho que durante la reunion en la logia, las felicitaciones a Pardo tuvieron que serle traducidas al español. En la crítica por Pier Moore Ede del libro Nimrod [nombre del barco de Shackleton] por Brau Riffenburgh, Times Literary Supplement, 26 de noviembre de 2004, p. 33. "Shackleton en Punta Arenas", www.patbrit.com/eng/Shackleton/PardoYelcho.html
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